Dentro de Internet y las Redes Sociales, la “fauna” es grande y diversa. Uno puede conocer literalmente todo tipo de personas, buenos y malos, simpáticos o enojones, felices o resentidos. Dentro de esos personajes, lo bueno y positivo que podemos encontrar es que no importando cuan extraños o alternativos sean nuestros gustos y aficiones, siempre podemos encontrar a alguien que comparte ideales, pensamientos y gustos.

Y dentro de estas “compatibilidades” on line, encontramos también gente que tiene los mismos problemas, o ha vivido las mismas experiencias que uno. Y a pesar de la distancia, el anonimato, el idioma o la nacionalidad, es a veces posible conectar a través de esto y aprender de estas personas, creando un vínculo que trasciende todas las barreras anteriormente mencionadas, y te permite preocuparte, sentir y llegar a tener cariño por estas personas.

Ese fue el caso para mi, y por casualidad, navegando entre twitter y foros, conocía a una persona. Y me llegó mucho lo que le pasaba y su experiencia de vida. Quizás porque, guardando las proporciones, nuestros pasados tenían algo de similar, y la etapa que estábamos viviendo también. Y comencé a leer más de ella, a conocer su pasado, y a seguir su presente.

Es impresionante como puedes llegar a preocuparte y sentir por una persona que no tiene absolutamente ningún vínculo contigo, y con quien nunca has interactuado directamente. Sin hablar con ella, sin intercambiar mensajes, solo leyendo de su vida, se transformó para mi en la heroína de una historia que no podía dejar de seguir, y a quien alentaba secretamente desde mi pantalla.

Seguí muy atento su historia, y cómo después de tocar fondo y sufrir un gran golpe, de a poco se fue levantando, recogiendo los pedazos y recomponiéndose, y emulándola, fui haciendo lo mismo con mis problemas. Y la vi avanzar por ese camino de a poco, hasta llegar a un punto donde ya se catalogaba de una persona feliz

Si bien yo no seguí el camino hasta el final como ella, su ejemplo si me sirvió mucho. Para una persona que había sufrido desamores, violencia y una gran depresión estar hoy casada con un hijo y otro en camino fue un “caso de éxito”, que tendré siempre en mente para salir adelante.

Ojalá la magia de Internet la lleve un día a leer estas líneas y saber lo agradecido que estoy de que haya compartido su historia con el mundo (Y conmigo!), pues su ejemplo motivará a más de alguien a seguir adelante.

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