El fin de semana pasado, y atraído nada más que por la curiosidad, llegué al Centro de Innovación Anacleto Angelini de la UC, sede San Joaquín. Había expectación y un poco de miedo, ese miedo que sienten todos cuando se enfrentan a un reto y piensan para sus adentros “Quizás es mucho para mi”. Caminé hacia el edificio y me adentré en la que, sin saberlo, sería una experiencia única, que cambiaría no sólo mi visión de lo que quiero hacer, sino que de mi mismo y de mis habilidades.

La primera impresión fue de todas maneras minimalista: 120 emprendedores de todas partes del país (Y muchos de afuera del país!) se congregaban y preparaban sus pitch, presentación rápida de ideas, a ser presentados al comienzo de este fin de semana cargado de ideas, proyectos e innovación.

Vencer el maldito pánico escénico fue mi primer reto. Después de años de presentaciones, exámenes orales y manejo frente al público, la falta de práctica me jugó notablemente en contra. Una muestra de que sentirse superior a ciertos retos y decir “Ya la gané” nos puede jugar en contra. No hay que dejar que los miedos descansen, y hay que tenerlos siempre a ralla.

Si bien mi idea obtuvo un par de votos (Más de lo que esperaba), no quedó seleccionada, por lo que vino la segunda parte: Venderme a uno de los equipos ganadores. Por suerte, y gracias al trabajo realizado en el último tiempo, el venderme como pieza importante para un equipo se me da más fácil, y pronto tuve la que sería mi familia durante ese fin de semana.

El proyecto: Concertto, aplicación para disfrutar de mejor manera los conciertos en vivo. El equipo, totalmente multidisciplinario e intercultural, con miembros de Rumania, Ecuador, Bulgaria y Chile.

¡Manos a la obra! Comenzaba el trabajo y el equipo comenzaba a lanzar sus primeras ideas. La primera faceta que me gustó mucho del trabajo startup es la camaradería. Si bien había cargos, y un líder de equipo, la alineación horizontal de la estructura permitía una camaradería que en los formatos clásicos de equipo de trabajo es imposible. Usamos el viaje en metro saliendo del Centro para esbozar las primeras líneas de trabajo, y nuestra primera noche la pasamos conversando, conociéndonos y compartiendo una (O más que una) cerveza y piscola en el primer evento social del Startup Weekend.

Al día siguiente, ya un poco cansado por la falta de sueño (En la noche avanzamos varias tareas), de nuevo al Centro de Innovación y preparados para un día completo de trabajo. El equipo funcionaba bien, y de a poco aprendía técnicas y conocía herramientas de las que ni siquiera había escuchado. Pero esa habilidad geek innata me ayudó a ponerme rápidamente al día y ser un aporte para el equipo.

De alguna manera, y contrario a lo que podía esperarse de un equipo tan heterogéneo, creamos un buen clima de trabajo, y nos complementamos bien en tareas y ánimo (Pieza importante de este tipo de eventos, motivarnos constantemente). Tanto así que la noche del sábado la terminamos en mi casa, avanzando lo que nos quedaba pendientes, y sufriendo en ese momento los estragos del stress por la falta de tiempo, el aparente choque de ideas y el cansancio, que acababan con el buen ánimo y la buena disposición de los participantes.

Salimos adelante, a pesar de todo, y el Domingo partió a full, motivado y recargado, trabajando todos juntos por la meta del equipo. Preparando la presentación final, betas, sitios web, encuestas, validaciones, redes sociales, entre otras muchas cosas.

Finalmente, el momento de la verdad: La premiación llegó, y si bien no alcanzamos el codiciado primer lugar, ganamos dos cosas tremendamente importantes: La Mención Honrosa del concurso (Qué me dejó muy orgulloso al ser esta mi primera participación en eventos de este tipo), y un equipo de trabajo buena onda y motivado. Equipo que ha decidido seguir adelante con el proyecto y buscar llevarlo de la teoría del concurso a la realidad de los negocios.

Una de las cosas que más me sorprendió y agradó de la experiencia fue el equipo al que me sumé, con todas las cosas que podrían jugarle en contra (Distintos países, idiomas, culturas, costumbres, gustos, y un largo etcétera), la motivación por el proyecto y la pasión por lo que hacemos nos juntó de una manera impredecible, logrando buena comunicación y complementación en el trabajo, y lo mejor, mucha buena onda que nos permitió sortear los momentos de estrés y las complejidades de la prueba. ¡Grande #TeamConcertto!

Las lecciones aprendidas de esta experiencia van más allá de los cartones o logros. Y se puede resumir en una tremendamente importante: Que la capacidad está. Hay mucho que aprender y conocer, mucho que puedo asimilar de mis compañeros de equipo y contendores, pero la sensación de logro, de saber que se puede, es tremendamente motivante.

Ahora miro todos estos proyectos desde otra perspectiva: Ya no son sueños ni castillos en el aire. Son posibilidades reales, de proyectos y empresas concretas, que puedo alcanzar si trabajo lo suficiente. Y eso, es impagable.

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