El 24 de Enero recibía una solicitud de alojamiento de la que, desde el primer momento, se veía como una de las aventuras más interesantes de Couchsurfing que había tenido hasta el momento. Si bien el perfil de Zulé y Tanya se veía interesante (Compartíamos varios intereses comunes, comenzando por la fotografía), lo que más me llamó la atención es de donde venían: ¡Ni más ni menos que de Sudáfrica!

Puede parecer poco interesante a primera vista, pero siempre he tenido una serie de encuentros que me han hecho tener un aprecio especial por este país: Mi madrina con su familia vivieron en ese país un tiempo, lo que resultó en tener dos primas sudafricanas por nacimiento. También hice amistad en un seminario con 3 simpáticos nacionales de aquel lugar, quienes me demostraron que no importando lo lejos que vivamos, aparentemente todos compartimos el mismo humor. Una antigua amiga también, curiosamente, nación en Sudáfrica de padres chilenos destinados por trabajo, y por último, mi primer casi negocio internacional tenía como sede el mencionado país (Y aprendí a pedir credenciales internacionales antes de cerrar negocios, cosa que por suerte hice “antes” del potencial desastre).

En fin, las coincidencias eran muchas. Por eso al ver la nacionalidad de estas couchsurfers, no dudé en aceptarlas de inmediato. Me motiva siempre aprender de nuevos lugares y culturas, y acá podría por fin aprender más de este misterioso país que tanto se cruzaba en mi camino.

La llegada de la pareja fue tarde y cansada, como tiende a ser cuando llegan a Santiago después de haber cruzado la Cordillera en bus, desde Mendoza. Independiente de las condiciones del camino y de lo maravilloso del escenario natural, el paseo tiene consecuencias. Sobre todo para quienes viajan con infección estomacal como era el caso de una de las visitas.

A pesar del cansancio y de lo desagradable de viajar en esas condiciones, Zulé y Tania fueron extremadamente agradables y simpáticas desde el momento en que cruzaron la puerta. Muy sencillas y organizadas, de a poco se fueron acomodando en el departamento, mientras degustábamos la primera poco tradicional comida en Chile para ellas: ¡Sushi! y yo comenzaba a conocer la afición de estas sudafricanas por el té (Sobre todo el té tradicional de sudáfrica, Rooibos, y sus propiedades).

Durante su visita, todavía nos acompañaba en Santiago mi amiga Marina, quién se encontraba preparando los últimos detalles de su regreso a Australia, y se integró a las actividades de anfitriona (Ya que hace tiempo la consideraba “de la casa”). Y curiosamente, por esas extrañas coincidencias de los viajeros, enganchó muy bien nuestras visitas del viejo continente.

El fin de semana de visita de estas simpáticas viajeras fue tranquilo, de mucha conversación y descanso, uno que otro paseo corto donde conocieron un poco de Santiago y sus recovecos. Compartimos también de buena cocina y, como es tradición, de buenos vinos. Pero lo que más recuerdo y recordaré de su visita es la conversación compartida, algo que nos ayudó mucho.

Suena críptico todo, y por motivos lógicos no son muchos los detalles que se puedan comentar de aquella conversación. Basta decir que nos abrió los ojos a Marina y a mi, y nos hizo ver las cosas en perspectiva. Largo habíamos conversado ella y yo sobre nuestra situación actual, ella regresando a su país después de casi un año donde sintió que cambió mucho, yo un poco desorientado todavía sobre el destino que debería seguir. Y de alguna manera, al estar los dos en esa bruma que envuelve el momento donde uno no sabe tomar una decisión para seguir adelante, no podíamos guiarnos de buena manera. Nos dábamos vueltas en lo mismo.

Zulé compartió con nosotros su historia de vida, sus peripecias desde rebelde adolescente a feliz mujer casada, viajando y con su sueño de armar un café /restaurante cuando volvieran definitivamente a Johannesburgo. Y nos sorprendió definitivamente: No sólo la tremenda confianza que depositó en nosotros al compartir en menos de dos días sus miedos y sueños, sus experiencias y caídas, sino que además la tremenda capacidad de resiliencia y tenacidad que tuvo para salir de situaciones muy complejas y llegar, con cicatrices pero sin heridas, al presente: Sonriente, feliz, positiva y motivada.

Fue un inesperado pero necesario remezón para nosotros, enfrascados en nuestros problemas que, en perspectiva, eran simples y pequeños. Es curioso como a veces una pequeña conversación con alguien puede cambiar tu visión de las cosas y darte un nuevo impulso para hacer cambios en tu vida que llevas mucho tiempo arrastrando, pero que no decides a hacer.

Finalmente el vínculo que se creo entre los cuatro fue grande, tanto así que después de su visita al sur, Tanya y Zulé volvieron a Santiago, y compartimos nuevamente más aventuras y experiencias, me contaron más de su país (Del que están extremadamente orgullosas, a pesar de las dificultades por las que atraviesa) y me convencieron de visitarlas una vez que se asienten en su nuevo café, donde espero que dentro del menú se encuentren una o dos recetas chilenas.

¡Quién sabe! Quizás más pronto que tarde comenzaré a postear en afrikaans.

Mucho éxito en todas las aventuras que les queda todavía por vivir!!

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